Día 13 de 90
Mc 2:1–3:35 · unos 6 min
2:1 Y ENTRÓ otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa.
2:2 Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra.
2:3 Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro.
2:4 Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
2:5 Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
2:6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones,
2:7 Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?
2:8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?
2:9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?
2:10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico):
2:11 A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.
2:12 Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.
2:13 Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venía á él, y los enseñaba.
2:14 Y pasando, vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose le siguió.
2:15 Y aconteció que estando Jesús á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también á la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos: porque había muchos, y le habían seguido.
2:16 Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores?
2:17 Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores.
2:18 Y los discípulos de Juan, y de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los Fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
2:19 Y Jesús les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.
2:20 Mas vendrán días, cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.
2:21 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.
2:22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
2:23 Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.
2:24 Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?
2:25 Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban:
2:26 Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?
2:27 También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.
2:28 Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
3:1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca.
3:2 Y le acechaban si en sábado le sanaría, para acusarle.
3:3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.
3:4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábado, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban.
3:5 Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituída sana.
3:6 Entonces saliendo los Fariseos, tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle.
3:7 Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galilea, y de Judea,
3:8 Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán. Y los de alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron á él.
3:9 Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen.
3:10 Porque había sanado á muchos; de manera que caían sobre él cuantos tenían plagas, por tocarle.
3:11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.
3:12 Mas él les reñía mucho que no le manifestasen.
3:13 Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él.
3:14 Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar,
3:15 Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios:
3:16 A Simón, al cual puso por nombre Pedro;
3:17 Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno;
3:18 Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomás, y á Jacobo hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á Simón el Cananita,
3:19 Y á Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron á casa.
3:20 Y agolpóse de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan.
3:21 Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decían: Está fuera de sí.
3:22 Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que tenía á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.
3:23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás?
3:24 Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino.
3:25 Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.
3:26 Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; antes tiene fin.
3:27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente y entonces saqueará su casa.
3:28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;
3:29 Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio.
3:30 Porque decían: Tiene espíritu inmundo.
3:31 Vienen después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él llamándole.
3:32 Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.
3:33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?
3:34 Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y hermanos.
3:35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
Texto: Reina-Valera (1909).