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Día 15 de 90

Mc 7:1–8:38 · unos 6 min

Mc 7:1–8:38

7:1 Y SE juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalem;

7:2 Los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, los condenaban.

7:3 (Porque los Fariseos y todos los Judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

7:4 Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)

7:5 Y le preguntaron los Fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes?

7:6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mí.

7:7 Y en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.

7:8 Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes.

7:9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

7:10 Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre, y: El que maldijere al padre ó á la madre, morirá de muerte.

7:11 Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre ó la madre: Es Corbán (quiere decir, don mío á Dios) todo aquello con que pudiera valerte;

7:12 Y no le dejáis hacer más por su padre ó por su madre,

7:13 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis: y muchas cosas hacéis semejantes á éstas.

7:14 Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended:

7:15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

7:16 Si alguno tiene oídos para oir, oiga.

7:17 Y apartado de la multitud, habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.

7:18 Y díjoles: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar;

7:19 Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale á la secreta? Esto decía, haciendo limpias todas las viandas.

7:20 Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.

7:21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

7:22 Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.

7:23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

7:24 Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.

7:25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó á sus pies.

7:26 Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.

7:27 Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos.

7:28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

7:29 Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

7:30 Y como fué á su casa, halló que el demonio había salido, y á la hija echada sobre la cama.

7:31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidón á la mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.

7:32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.

7:33 Y tomándole aparte de la gente, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;

7:34 Y mirando al cielo, gimió, y le dijo: Ephphatha: que es decir: Sé abierto.

7:35 Y luego fueron abiertos sus oídos, y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

7:36 Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.

7:37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar.

8:1 EN aquellos días, como hubo gran gentío, y no tenían qué comer, Jesús llamó á sus discípulos, y les dijo:

8:2 Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer:

8:3 Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.

8:4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto?

8:5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.

8:6 Entonces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que los pusiesen delante: y los pusieron delante á la multitud.

8:7 Tenían también unos pocos pececillos: y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.

8:8 Y comieron, y se hartaron: y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas.

8:9 Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió.

8:10 Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanutha.

8:11 Y vinieron los Fariseos, y comenzaron á altercar con él, pidiéndole señal del cielo, tentándole.

8:12 Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal á esta generación.

8:13 Y dejándolos, volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte.

8:14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco.

8:15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Herodes.

8:16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

8:17 Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿no consideráis ni entendéis? ¿aun tenéis endurecido vuestro corazón?

8:18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿y no os acordáis?

8:19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.

8:20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.

8:21 Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis?

8:22 Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.

8:23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo.

8:24 Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles.

8:25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de lejos y claramente á todos.

8:26 Y envióle á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas á nadie en la aldea.

8:27 Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

8:28 Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas.

8:29 Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo.

8:30 Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno.

8:31 Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.

8:32 Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reprender.

8:33 Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.

8:34 Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

8:35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

8:36 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma?

8:37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

8:38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

Texto: Reina-Valera (1909).