Día 33 de 90
Jn 2:1–4:54 · unos 10 min
2:1 Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2:2 Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.
2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.
2:4 Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.
2:5 Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.
2:6 Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.
2:7 Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.
2:8 Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron le.
2:9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,
2:10 Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.
2:11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
2:12 Después de esto descendió á Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
2:13 Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.
2:14 Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.
2:15 Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;
2:16 Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.
2:17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.
2:18 Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?
2:19 Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
2:20 Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?
2:21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
2:22 Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.
2:23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
2:24 Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,
2:25 Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.
3:1 Y HABÍA un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos.
3:2 Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
3:3 Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
3:4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
3:8 El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni á dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?
3:10 Respondió Jesús, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto?
3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
3:12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
3:13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.
3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;
3:15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.
3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
3:17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.
3:18 El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
3:19 Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
3:20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas.
3:21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifestadas que son hechas en Dios.
3:22 Pasado esto, vino Jesús con sus discípulos á la tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.
3:23 Y bautizaba también Juan en Enón junto á Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.
3:24 Porque Juan no había sido aún puesto en la carcel.
3:25 Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación.
3:26 Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen á él.
3:27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo.
3:28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo es cumplido.
3:30 A él conviene crecer, mas á mí menguar.
3:31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es.
3:32 Y lo que vió y oyó, esto testifica: y nadie recibe su testimonio.
3:33 El que recibe su testimonio, éste signó que Dios es verdadero.
3:34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no da Dios el Espíritu por medida.
3:35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano.
3:36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
4:1 DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
4:2 (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
4:3 Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.
4:4 Y era menester que pasase por Samaria.
4:5 Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.
4:6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.
4:7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.
4:8 (Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)
4:9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
4:10 Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
4:11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
4:12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
4:13 Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;
4:14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
4:15 La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacar la.
4:16 Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
4:17 Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;
4:18 Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
4:19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
4:21 Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
4:22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.
4:23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
4:24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
4:25 Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
4:26 Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
4:27 Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?
4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:
4:29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?
4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
4:31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.
4:32 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
4:33 Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?
4:34 Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
4:35 ¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
4:36 Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.
4:37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
4:38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
4:39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.
4:40 Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.
4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él.
4:42 Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
4:43 Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.
4:44 Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
4:45 Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.
4:46 Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
4:47 Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.
4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
4:49 El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
4:50 Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.
4:51 Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
4:52 Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
4:53 El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
4:54 Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.
Texto: Reina-Valera (1909).