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Día 182 de 365

1 R 18:1–46, Hch 9:34–10:12, Sal 78:1–72

Antiguo Testamento

1 R 18:1–46

1 PASADOS muchos días, fué palabra de Jehová á Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate á Achâb, y yo daré lluvia sobre la haz de la tierra.

2 Fué pues Elías á mostrarse á Achâb. Había á la sazón grande hambre en Samaria.

3 Y Achâb llamó á Abdías su mayordomo, el cual Abdías era en grande manera temeroso de Jehová;

4 Porque cuando Jezabel destruía á los profetas de Jehová, Abdías tomó cien profetas, los cuales escondió de cincuenta en cincuenta por cuevas, y sustentólos á pan y agua.

5 Y dijo Achâb á Abdías: Ve por el país á todas las fuentes de aguas, y á todos los arroyos; que acaso hallaremos grama con que conservemos la vida á los caballos y á las acémilas, para que no nos quedemos sin bestias.

6 Y partieron entre sí el país para recorrerlo: Achâb fué de por sí por un camino, y Abdías fué separadamente por otro.

7 Y yendo Abdías por el camino, topóse con Elías; y como le conoció, postróse sobre su rostro, y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías?

8 Y él respondió: Yo soy; ve, di á tu amo: He aquí Elías.

9 Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que tú entregues tu siervo en mano de Achâb para que me mate?

10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino donde mi señor no haya enviado á buscarte; y respondiendo ellos, No está aquí, él ha conjurado á reinos y naciones si no te han hallado.

11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di á tu amo: Aquí está Elías?

12 Y acontecerá que, luego que yo me haya partido de ti, el espíritu de Jehová te llevará donde yo no sepa; y viniendo yo, y dando las nuevas á Achâb, y no hallándote él, me matará; y tu siervo teme á Jehová desde su mocedad.

13 ¿No ha sido dicho á mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba á los profetas de Jehová: que escondí cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve á pan y agua?

14 ¿Y ahora dices tú: Ve, di á tu amo: Aquí está Elías: para que él me mate?

15 Y díjole Elías: Vive Jehová de los ejércitos, delante del cual estoy, que hoy me mostraré á él.

16 Entonces Abdías fué á encontrarse con Achâb, y dióle el aviso; y Achâb vino á encontrarse con Elías.

17 Y como Achâb vió á Elías, díjole Achâb: ¿Eres tú el que alborotas á Israel?

18 Y él respondió: Yo no he alborotado á Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo á los Baales.

19 Envía pues ahora y júntame á todo Israel en el monte de Carmelo, y los cuatrocientos y cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de los bosques, que comen de la mesa de Jezabel.

20 Entonces Achâb envió á todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo.

21 Y acercándose Elías á todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

22 Y Elías tornó á decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cincuenta hombres.

23 Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aprestaré el otro buey, y pondrélo sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.

24 Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre de Jehová: y el Dios que respondiere por fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.

25 Entonces Elías dijo á los profetas de Baal: Escogeos el un buey, y haced primero, pues que vosotros sois los más: é invocad en el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.

26 Y ellos tomaron el buey que les fué dado, y aprestáronlo, é invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el medio día, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

27 Y aconteció al medio día, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, que dios es: quizá está conversando, ó tiene algún empeño, ó va de camino; acaso duerme, y despertará.

28 Y ellos clamaban á grandes voces, y sajábanse con cuchillos y con lancetas conforme á su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.

29 Y como pasó el medio día, y ellos profetizaran hasta el tiempo del sacrificio del presente, y no había voz, ni quien respondiese ni escuchase;

30 Elías dijo entonces á todo el pueblo: Acercaos á mí. Y todo el pueblo se llegó á él: y él reparó el altar de Jehová que estaba arruinado.

31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido palabra de Jehová, diciendo, Israel será tu nombre;

32 Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una reguera alrededor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente.

33 Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y púsolo sobre la leña.

34 Y dijo: Henchid cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; é hiciéronlo la tercera vez.

35 De manera que las aguas corrían alrededor del altar; y había también henchido de agua la reguera.

36 Y como llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías, y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.

37 Respóndeme, Jehová, respóndeme; para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos.

38 Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la reguera.

39 Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios!

40 Y díjoles Elías: Prended á los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.

41 Y entonces Elías dijo á Achâb: Sube, come y bebe; porque una grande lluvia suena.

42 Y Achâb subió á comer y á beber. Y Elías subió á la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.

43 Y dijo á su criado: Sube ahora, y mira hacia la mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió á decir: Vuelve siete veces.

44 Y á la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar. Y él dijo: Ve, y di á Achâb: Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje.

45 Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Achâb, vino á Jezreel.

46 Y la mano de Jehová fué sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Achâb hasta llegar á Jezreel.

Nuevo Testamento

Hch 9:34–10:12

9:34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y hazte tu cama. Y luego se levantó.

9:35 Y viéronle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor.

9:36 Entonces en Joppe había una discípula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que hacía.

9:37 Y aconteció en aquellos días que enfermando, murió; á la cual, después de lavada, pusieron en una sala.

9:38 Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros.

9:39 Pedro entonces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.

9:40 Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró; y vuelto al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo á Pedro, incorporóse.

9:41 Y él le dió la mano, y levantóla: entonces llamando á los santos y las viudas, la presentó viva.

9:42 Esto fué notorio por toda Joppe; y creyeron muchos en el Señor.

9:43 Y aconteció que se quedó muchos días en Joppe en casa de un cierto Simón, curtidor.

10:1 Y HABÍA un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana,

10:2 Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba á Dios siempre.

10:3 Este vió en visión manifiestamente, como á la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba á él, y le decía: Cornelio.

10:4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria á la presencia de Dios.

10:5 Envía pues ahora hombres á Joppe, y haz venir á un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro.

10:6 Este posa en casa de un Simón, curtidor, que tiene su casa junto á la mar: él te dirá lo que te conviene hacer.

10:7 E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistían;

10:8 A los cuales, después de habérselo contado todo, los envió á Joppe.

10:9 Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotea á orar, cerca de la hora de sexta;

10:10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis;

10:11 Y vió el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado á la tierra;

10:12 En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo.

Salmo

Sal 78:1–72

1 Masquil de Asaph. ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: inclinad vuestro oído á las palabras de mi boca.

2 Abriré mi boca en parábola; hablaré cosas reservadas de antiguo:

3 Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron.

4 No las encubriremos á sus hijos, contando á la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.

5 El estableció testimonio en Jacob, y pusó ley en Israel; la cual mandó á nuestros padres que la notificasen á sus hijos;

6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten á sus hijos;

7 A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos:

8 Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no apercibió su corazón, ni fué fiel para con Dios su espíritu.

9 Los hijos de Ephraim armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla.

10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley:

11 Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado.

12 Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

13 Rompió la mar, é hízolos pasar; é hizo estar las aguas como en un montón.

14 Y llevólos de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego.

15 Hendió las peñas en el desierto: y dióles á beber como de grandes abismos;

16 Pues sacó de la peña corrientes, é hizo descender aguas como ríos.

17 Empero aun tornaron á pecar contra él, enojando en la soledad al Altísimo.

18 Pues tentaron á Dios en su corazón, pidiendo comida á su gusto.

19 Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?

20 He aquí ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne á su pueblo?

21 Por tanto oyó Jehová, é indignóse: y encendióse el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel;

22 Por cuanto no habían creído á Dios, ni habían confiado en su salud:

23 A pesar de que mandó á las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos,

24 E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos.

25 Pan de nobles comió el hombre: envióles comida á hartura.

26 Movió el solano en el cielo, y trajo con su fortaleza el austro.

27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo, y aves de alas como arena de la mar.

28 E hízolas caer en medio de su campo, alrededor de sus tiendas.

29 Y comieron, y hartáronse mucho: cumplióles pues su deseo.

30 No habían quitado de sí su deseo, aun estaba su vianda en su boca,

31 Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató los más robustos de ellos, y derribó los escogidos de Israel.

32 Con todo esto pecaron aún, y no dieron crédito á sus maravillas.

33 Consumió por tanto en nada sus días, y sus años en la tribulación.

34 Si los mataba, entonces buscaban á Dios; entonces se volvían solícitos en busca suya.

35 Y acordábanse que Dios era su refugio, y el Dios Alto su redentor.

36 Mas le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían:

37 Pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes en su pacto.

38 Empero él misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía: y abundó para apartar su ira, y no despertó todo su enojo.

39 Y acordóse que eran carne; soplo que va y no vuelve.

40 ¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, lo enojaron en la soledad!

41 Y volvían, y tentaban á Dios, y ponían límite al Santo de Israel.

42 No se acordaron de su mano, del día que los redimió de angustia;

43 Cuando puso en Egipto sus señales, y sus maravillas en el campo de Zoán;

44 Y volvió sus ríos en sangre, y sus corrientes, porque no bebiesen.

45 Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, y ranas que los destruyeron.

46 Dió también al pulgón sus frutos, y sus trabajos á la langosta.

47 Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con piedra;

48 Y entregó al pedrisco sus bestias, y al fuego sus ganados.

49 Envió sobre ellos el furor de su saña, ira y enojo y angustia, con misión de malos ángeles.

50 Dispuso el camino á su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida á la mortandad.

51 E hirió á todo primogénito en Egipto, las primicias de las fuerzas en las tiendas de Châm.

52 Empero hizo salir á su pueblo como ovejas, y llevólos por el desierto, como un rebaño.

53 Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y la mar cubrió á sus enemigos.

54 Metiólos después en los términos de su santuario, en este monte que ganó su mano derecha.

55 Y echó las gentes de delante de ellos, y repartióles una herencia con cuerdas; é hizo habitar en sus moradas á las tribus de Israel.

56 Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios;

57 Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: volviéronse como arco engañoso.

58 Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo á celo con sus esculturas.

59 Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció á Israel.

60 Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres;

61 Y dió en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo.

62 Entregó también su pueblo á cuchillo, y airóse contra su heredad.

63 El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.

64 Sus sacerdotes cayeron á cuchillo, y sus viudas no lamentaron.

65 Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido, como un valiente que grita excitado del vino:

66 E hirió á sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpetua afrenta.

67 Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió la tribu de Ephraim;

68 Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.

69 Y edificó su santuario á manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre.

70 Y eligió á David su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas:

71 De tras las paridas lo trajo, para que apacentase á Jacob su pueblo, y á Israel su heredad.

72 Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.

Texto: Reina-Valera (1909).