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Día 20 de 365

Gn 38:1–39:23, Mt 13:28–58, Sal 9:1–10:18

Antiguo Testamento

Gn 38:1–39:23

38:1 Y ACONTECIÓ en aquel tiempo, que Judá descendió de con sus hermanos, y fuése á un varón Adullamita, que se llamaba Hira.

38:2 Y vió allí Judá la hija de un hombre Cananeo, el cual se llamaba Súa; y tomóla, y entró á ella:

38:3 La cual concibió, y parió un hijo; y llamó su nombre Er.

38:4 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamó su nombre Onán.

38:5 Y volvió á concebir, y parió un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Chezib cuando lo parió.

38:6 Y Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Thamar.

38:7 Y Er, el primogénito de Judá, fué malo á los ojos de Jehová, y quitóle Jehová la vida.

38:8 Entonces Judá dijo á Onán: Entra á la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente á tu hermano.

38:9 Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano.

38:10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó á él la vida.

38:11 Y Judá dijo á Thamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que quizá no muera él también como sus hermanos. Y fuése Thamar, y estúvose en casa de su padre.

38:12 Y pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá; y Judá se consoló, y subía á los trasquiladores de sus ovejas á Timnath, él y su amigo Hira el Adullamita.

38:13 Y fué dado aviso á Thamar, diciendo: He aquí tu suegro sube á Timnath á trasquilar sus ovejas.

38:14 Entonces quitó ella de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse con un velo, y arrebozóse, y se puso á la puerta de las aguas que están junto al camino de Timnath; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada á él por mujer.

38:15 Y vióla Judá, y túvola por ramera, porque había ella cubierto su rostro.

38:16 Y apartóse del camino hacia ella, y díjole: Ea, pues, ahora entraré á ti; porque no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares á mí?

38:17 El respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Hasme de dar prenda hasta que lo envíes.

38:18 Entonces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que tienes en tu mano. Y él se los dió, y entró á ella, la cual concibió de él.

38:19 Y levantóse, y fuése: y quitóse el velo de sobre sí, y vistióse las ropas de su viudez.

38:20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el Adullamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer; mas no la halló.

38:21 Y preguntó á los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de las aguas junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera.

38:22 Entonces él se volvió á Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera.

38:23 Y Judá dijo: Tómeselo para sí, porque no seamos menospreciados: he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste.

38:24 Y acaeció que al cabo de unos tres meses fué dado aviso á Judá, diciendo: Thamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto está preñada de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada.

38:25 Y ella, cuando la sacaban, envió á decir á su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy preñada: y dijo más: Mira ahora cúyas son estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón.

38:26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no la he dado á Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.

38:27 Y aconteció que al tiempo del parir, he aquí había dos en su vientre.

38:28 Y sucedió, cuando paría, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató á su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero.

38:29 Empero fué que tornando él á meter la mano, he aquí su hermano salió; y ella dijo: ¿Por qué has hecho sobre ti rotura? Y llamó su nombre Phares.

38:30 Y después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.

39:1 Y LLEVADO José á Egipto, comprólo Potiphar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipcio, de mano de los Ismaelitas que lo habían llevado allá.

39:2 Mas Jehová fué con José, y fué varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipcio.

39:3 Y vió su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.

39:4 Así halló José gracia en sus ojos, y servíale; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía.

39:5 Y aconteció que, desde cuando le dió el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipcio á causa de José; y la bendición de Jehová fué sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.

39:6 Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.

39:7 Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.

39:8 Y él no quiso, y dijo á la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene:

39:9 No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino á ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?

39:10 Y fué que hablando ella á José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella,

39:11 Aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa:

39:12 Y asiólo ella por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces dejóla él su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera.

39:13 Y acaeció que cuando vió ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huído fuera,

39:14 Llamó á los de casa, y hablóles diciendo: Mirad, nos ha traído un Hebreo, para que hiciese burla de nosotros: vino él á mí para dormir conmigo, y yo dí grandes voces;

39:15 Y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto á mí su ropa, y huyó, y salióse fuera.

39:16 Y ella puso junto á sí la ropa de él, hasta que vino su señor á su casa.

39:17 Entonces le habló ella semejantes palabras, diciendo: El siervo Hebreo que nos trajiste, vino á mí para deshonrarme;

39:18 Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto á mí, y huyó fuera.

39:19 Y sucedió que como oyó su señor las palabras que su mujer le hablara, diciendo: Así me ha tratado tu siervo; encendióse su furor.

39:20 Y tomó su señor á José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel.

39:21 Mas Jehová fué con José, y extendió á él su misericordia, y dióle gracia en ojos del principal de la casa de la cárcel.

39:22 Y el principal de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que hacían allí, él lo hacía.

39:23 No veía el principal de la cárcel cosa alguna que en su mano estaba; porque Jehová era con él, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.

Nuevo Testamento

Mt 13:28–58

28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?

29 Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí.

31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:

32 El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.

33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.

34 Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba:

35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.

36 Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;

38 Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;

39 Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

40 De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.

41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,

42 Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga.

44 Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

45 También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;

46 Que hallando una preciosa perla, fué y vendió todo lo que tenía, y la compró.

47 Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces:

48 La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.

49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,

50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

51 Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.

52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

53 Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí.

54 Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas?

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?

56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?

57 Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su tierra y en su casa.

58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.

Salmo

Sal 9:1–10:18

9:1 Al Músico principal: sobre Muth-labben: Salmo de David. TE alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.

9:2 Alegraréme y regocijaréme en ti: cantaré á tu nombre, oh Altísimo;

9:3 Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: caerán y perecerán delante de ti.

9:4 Porque has hecho mi juicio y mi causa: sentástete en silla juzgando justicia.

9:5 Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás.

9:6 Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas.

9:7 Mas Jehová permanecerá para siempre: dispuesto ha su trono para juicio.

9:8 Y él juzgará el mundo con justicia; y juzgará los pueblos con rectitud.

9:9 Y será Jehová refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia.

9:10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste á los que te buscaron.

9:11 Cantad á Jehová, que habita en Sión: noticiad en los pueblos sus obras.

9:12 Porque demandando la sangre se acordó de ellos: no se olvidó del clamor de los pobres.

9:13 Ten misericordia de mí, Jehová: mira mi aflicción que padezco de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;

9:14 Porque cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sión, y me goce en tu salud.

9:15 Hundiéronse las gentes en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fué tomado su pie.

9:16 Jehová fué conocido en el juicio que hizo; en la obra de sus manos fué enlazado el malo. (Higaion. Selah.)

9:17 Los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios.

9:18 Porque no para siempre será olvidado el pobre; ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.

9:19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las gentes delante de ti.

9:20 Pon, oh Jehová, temor en ellos: conozcan las gentes que son no más que hombres. (Selah.)

10:1 ¿POR qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?

10:2 Con arrogancia el malo persigue al pobre: serán cogidos en los artificios que han ideado.

10:3 Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, y bendice al codicioso, á quien Jehová aborrece.

10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca á Dios: no hay Dios en todos sus pensamientos.

10:5 Sus caminos son viciosos en todo tiempo: tus juicios los tiene muy lejos de su vista: echa bocanadas en orden á todos sus enemigos.

10:6 Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, ni jamás me alcanzará el infortunio.

10:7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude: debajo de su lengua, vejación y maldad.

10:8 Está en las guaridas de las aldeas: en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están acechando al pobre.

10:9 Acecha en oculto, como el león desde su cama: acecha para arrebatar al pobre: arrebata al pobre trayéndolo á su red.

10:10 Encógese, agáchase, y caen en sus fuerzas muchos desdichados.

10:11 Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro; nunca lo verá.

10:12 Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres.

10:13 ¿Por qué irrita el malo á Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás.

10:14 Tú lo tienes visto: porque tú miras el trabajo, y la vejación, para vengar le por tu mano: á ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano.

10:15 Quebranta el brazo del malo: del maligno buscarás su maldad, hasta que ninguna halles.

10:16 Jehová, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruídas las gentes.

10:17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová: tú dispones su corazón, y haces atento tu oído;

10:18 Para juzgar al huérfano y al pobre, á fin de que no vuelva más á hacer violencia el hombre de la tierra.

Texto: Reina-Valera (1909).