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Día 28 de 90

Lc 16:1–17:37 · unos 6 min

Lc 16:1–17:37

16:1 Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de él como disipador de sus bienes.

16:2 Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

16:3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.

16:4 Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.

16:5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?

16:6 Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.

16:7 Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.

16:8 Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.

16:9 Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.

16:10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

16:11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?

16:12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

16:13 Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.

16:14 Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él.

16:15 Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

16:16 La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en él.

16:17 Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.

16:18 Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.

16:19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.

16:20 Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas,

16:21 Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

16:22 Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.

16:23 Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.

16:24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.

16:25 Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

16:26 Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.

16:27 Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre;

16:28 Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento.

16:29 Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.

16:30 El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán.

16:31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.

17:1 Y Á SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!

17:2 Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.

17:3 Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.

17:4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.

17:5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

17:6 Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.

17:7 ¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?

17:8 ¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?

17:9 ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.

17:10 Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.

17:11 Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.

17:12 Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,

17:13 Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.

17:14 Y como él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.

17:15 Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;

17:16 Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.

17:17 Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?

17:18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?

17:19 Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

17:20 Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;

17:21 Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.

17:22 Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.

17:23 Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.

17:24 Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.

17:25 Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.

17:26 Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.

17:27 Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.

17:28 Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

17:29 Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:

17:30 Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.

17:31 En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.

17:32 Acordaos de la mujer de Lot.

17:33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.

17:34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.

17:35 Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.

17:36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.

17:37 Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.

Texto: Reina-Valera (1909).