Día 29 de 90
Lc 18:1–19:48 · unos 8 min
18:1 Y PROPÚSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,
18:2 Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.
18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
18:4 Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,
18:5 Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.
18:6 Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.
18:7 ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?
18:8 Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?
18:9 Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:
18:10 Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.
18:11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
18:12 Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
18:13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.
18:14 Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
18:15 Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.
18:16 Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.
18:17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
18:18 Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?
18:19 Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.
18:20 Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.
18:21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
18:22 Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
18:23 Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
18:24 Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
18:25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.
18:26 Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?
18:27 Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.
18:28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.
18:29 Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
18:30 Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
18:31 Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.
18:32 Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.
18:33 Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.
18:34 Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.
18:35 Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
18:36 El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.
18:37 Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.
18:38 Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.
18:39 Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.
18:40 Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó,
18:41 Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.
18:42 Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.
18:43 Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.
19:1 Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;
19:2 Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;
19:3 Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
19:4 Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
19:5 Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.
19:6 Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
19:7 Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.
19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.
19:9 Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
19:10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.
19:11 Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.
19:12 Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.
19:13 Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.
19:14 Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
19:15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
19:16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
19:17 Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.
19:18 Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
19:19 Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
19:20 Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:
19:21 Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
19:22 Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
19:23 ¿Por qué, pues, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?
19:24 Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.
19:25 Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
19:26 Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
19:27 Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.
19:28 Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.
19:29 Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
19:30 Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.
19:31 Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.
19:32 Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
19:33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
19:34 Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.
19:35 Y trajéronlo á Jesús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.
19:36 Y yendo él tendían sus capas por el camino.
19:37 Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,
19:38 Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!
19:39 Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.
19:40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.
19:41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,
19:42 Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.
19:43 Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,
19:44 Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
19:45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.
19:46 Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
19:47 Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.
19:48 Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
Texto: Reina-Valera (1909).