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Día 31 de 90

Lc 22:1–23:56 · unos 10 min

Lc 22:1–23:56

22:1 Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.

22:2 Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.

22:3 Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;

22:4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.

22:5 Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.

22:6 Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.

22:7 Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua.

22:8 Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.

22:9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?

22:10 Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,

22:11 Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?

22:12 Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.

22:13 Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.

22:14 Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles.

22:15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;

22:16 Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

22:17 Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;

22:18 Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

22:19 Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.

22:20 Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

22:21 Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.

22:22 Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado!

22:23 Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.

22:24 Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.

22:25 Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:

22:26 Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.

22:27 Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.

22:28 Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:

22:29 Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,

22:30 Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.

22:31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo;

22:32 Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.

22:33 Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.

22:34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

22:35 Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.

22:36 Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.

22:37 Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.

22:38 Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.

22:39 Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.

22:40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.

22:41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

22:42 Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

22:43 Y le apareció un ángel del cielo confortándole.

22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

22:45 Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;

22:46 Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

22:47 Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo.

22:48 Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?

22:49 Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?

22:50 Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.

22:51 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.

22:52 Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?

22:53 Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

22:54 Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos.

22:55 Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.

22:56 Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba.

22:57 Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.

22:58 Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.

22:59 Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo.

22:60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó.

22:61 Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

22:62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.

22:63 Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de él hiriéndole;

22:64 Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió.

22:65 Y decían otras muchas cosas injuriándole.

22:66 Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,

22:67 Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;

22:68 Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis:

22:69 Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.

22:70 Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy.

22:71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

23:1 LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.

23:2 Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey.

23:3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.

23:4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.

23:5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

23:6 Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo.

23:7 Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.

23:8 Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal.

23:9 Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió:

23:10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.

23:11 Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato.

23:12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.

23:13 Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,

23:14 Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis.

23:15 Y ni aun Herodes; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.

23:16 Le soltaré, pues, castigado.

23:17 Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.

23:18 Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás:

23:19 (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)

23:20 Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús.

23:21 Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.

23:22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré.

23:23 Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían.

23:24 Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;

23:25 Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.

23:26 Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.

23:27 Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.

23:28 Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.

23:29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.

23:30 Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos.

23:31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?

23:32 Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos.

23:33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.

23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.

23:35 Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.

23:36 Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre,

23:37 Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo.

23:38 Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.

23:39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.

23:40 Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?

23:41 Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.

23:42 Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.

23:43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

23:44 Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.

23:45 Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.

23:46 Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.

23:47 Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.

23:48 Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.

23:49 Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

23:50 Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo,

23:51 (El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios;

23:52 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

23:53 Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto.

23:54 Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado.

23:55 Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo.

23:56 Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

Texto: Reina-Valera (1909).