Día 166 de 365
2 S 21:1–22:51, Hch 1:1–11, Ec 7:1–13
Antiguo Testamento
21:1 Y EN los días de David hubo hambre por tres años consecutivos. Y David consultó á Jehová, y Jehová le dijo: Es por Saúl, y por aquella casa de sangre; porque mató á los Gabaonitas.
21:2 Entonces el rey llamó á los Gabaonitas, y hablóles. (Los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del residuo de los Amorrheos, á los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento: mas Saúl había procurado matarlos con motivo de celo por los hijos de Israel y de Judá.)
21:3 Dijo pues David á los Gabaonitas: ¿Qué os haré, y con qué expiaré para que bendigáis á la heredad de Jehová?
21:4 Y los Gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa: ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis os haré.
21:5 Y ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros, para extirparnos sin dejar nada de nosotros en todo el término de Israel;
21:6 Dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos á Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré.
21:7 Y perdonó el rey á Mephi-boseth, hijo de Jonathán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonathán hijo de Saúl.
21:8 Mas tomó el rey dos hijos de Rispa hija de Aja, los cuales ella había parido á Saúl, á saber, á Armoni y á Mephi-boseth; y cinco hijos de Michâl hija de Saúl, los cuales ella había parido á Adriel, hijo de Barzillai Molathita;
21:9 Y entrególos en manos de los Gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová: y murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en el tiempo de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de las cebadas.
21:10 Tomando luego Rispa hija de Aja un saco, tendióselo sobre un peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó á ninguna ave del cielo asentarse sobre ellos de día, ni bestias del campo de noche.
21:11 Y fué dicho á David lo que hacía Rispa hija de Aja, concubina de Saúl.
21:12 Entonces David fué, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Beth-san, donde los habían colgado los Filisteos, cuando deshicieron los Filisteos á Saúl en Gilboa:
21:13 E hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo; y juntaron también los huesos de los ahorcados.
21:14 Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonathán en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; é hicieron todo lo que el rey había mandado. Después se aplacó Dios con la tierra.
21:15 Y como los Filisteos tornaron á hacer guerra á Israel, descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los Filisteos: y David se cansó.
21:16 En esto Isbi-benob, el cual era de los hijos del gigante, y el peso de cuya lanza era de trescientos siclos de metal, y tenía él ceñida una nueva espada, trató de herir á David:
21:17 Mas Abisai hijo de Sarvia le socorrió, é hirió al Filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí adelante saldrás con nosotros á batalla, porque no apagues la lámpara de Israel.
21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los Filisteos: entonces Sibechâi Husathita hirió á Saph, que era de los hijos del gigante.
21:19 Otra guerra hubo en Gob contra los Filisteos, en la cual Elhanan, hijo de Jaare-oregim de Beth-lehem, hirió á Goliath Getheo, el asta de cuya lanza era como un enjullo de telar.
21:20 Después hubo otra guerra en Gath, donde hubo un hombre de grande altura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro en todos: y también era de los hijos del gigante.
21:21 Este desafió á Israel, y matólo Jonathán, hijo de Sima hermano de David.
21:22 Estos cuatro le habían nacido al gigante en Gath, los cuales cayeron por la mano de David, y por la mano de sus siervos.
22:1 Y HABLÓ David á Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.
22:2 Y dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador;
22:3 Dios de mi roca, en él confiaré: mi escudo, y el cuerno de mi salud, mi fortaleza, y mi refugio; mi salvador, que me librarás de violencia.
22:4 Invocaré á Jehová, digno de ser loado, y seré salvo de mis enemigos.
22:5 Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron,
22:6 Me rodearon los dolores del infierno, y me tomaron descuidado lazos de muerte.
22:7 Tuve angustia, invoqué á Jehová, y clamé á mi Dios: y él oyó mi voz desde su templo; llegó mi clamor á sus oídos.
22:8 La tierra se removió, y tembló; los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se estremecieron, porque él se airó.
22:9 Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones.
22:10 Y abajó los cielos, y descendió: una oscuridad debajo de sus pies.
22:11 Subió sobre el querubín, y voló: aparecióse sobre las alas del viento.
22:12 Puso tinieblas alrededor de sí á modo de pabellones; aguas negras y espesas nubes.
22:13 Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes.
22:14 Jehová tronó desde los cielos, y el Altísimo dió su voz;
22:15 Arrojó saetas, y desbaratólos; relampagueó, y consumiólos.
22:16 Entonces aparecieron los manantiales de la mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos, á la reprensión de Jehová, al resoplido del aliento de su nariz.
22:17 Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme, y sacóme de copiosas aguas.
22:18 Libróme de fuertes enemigos, de aquellos que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo.
22:19 Asaltáronme en el día de mi calamidad; mas Jehová fué mi sostén.
22:20 Sacóme á anchura; libróme, porque puso su voluntad en mí.
22:21 Remuneróme Jehová conforme á mi justicia; y conforme á la limpieza de mis manos, me dió la paga.
22:22 Porque yo guardé los caminos de Jehová, y no me aparté impíamente de mi Dios.
22:23 Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas; y atento á sus fueros, no me retiraré de ellos.
22:24 Y fuí íntegro para con él, y guardéme de mi iniquidad.
22:25 Remuneróme por tanto Jehová conforme á mi justicia, y conforme á mi limpieza delante de sus ojos.
22:26 Con el bueno eres benigno, y con el íntegro te muestras íntegro;
22:27 Limpio eres para con el limpio, mas con el perverso eres rígido.
22:28 Y tú salvas al pueblo humilde; mas tus ojos sobre los altivos, para abatirlos.
22:29 Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová: Jehová da luz á mis tinieblas.
22:30 Porque en ti romperé ejércitos, y con mi Dios saltaré las murallas.
22:31 Dios, perfecto su camino: la palabra de Jehová purificada, escudo es de todos los que en él esperan.
22:32 Porque ¿qué Dios hay sino Jehová? ¿ó quién es fuerte sino nuestro Dios?
22:33 Dios es el que con virtud me corrobora, y el que despeja mi camino;
22:34 El que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas;
22:35 El que enseña mis manos para la pelea, y da que con mis brazos quiebre el arco de acero.
22:36 Tú me diste asimismo el escudo de tu salud, y tu benignidad me ha acrecentado.
22:37 Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas.
22:38 Perseguiré á mis enemigos, y quebrantarélos; y no me volveré hasta que los acabe.
22:39 Los consumiré, y los heriré, y no se levantarán; y caerán debajo de mis pies.
22:40 Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron.
22:41 Tú me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y que yo los destruyese.
22:42 Miraron, y no hubo quien los librase; á Jehová, mas no les respondió.
22:43 Yo los desmenuzaré como polvo de la tierra; hollarélos como á lodo de las plazas, y los disiparé.
22:44 Tú me libraste de contiendas de pueblos: tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: pueblos que no conocía, me sirvieron.
22:45 Los extraños titubeaban á mí: en oyendo, me obedecían.
22:46 Los extraños desfallecían, y temblaban en sus escondrijos.
22:47 Viva Jehová, y sea bendita mi roca; sea ensalzado el Dios, la roca de mi salvamento:
22:48 El Dios que me ha vengado, y sujeta los pueblos debajo de mí;
22:49 Y que me saca de entre mis enemigos: tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí: librásteme del varón de iniquidades.
22:50 Por tanto yo te confesaré entre las gentes, oh Jehová, y cantaré á tu nombre.
22:51 El que engrandece las saludes de su rey, y hace misericordia á su ungido, á David, y á su simiente, para siempre.
Nuevo Testamento
1 EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesús comenzó á hacer y á enseñar,
2 Hasta el día en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba;
3 A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándo les del reino de Dios.
4 Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dijo, de mí.
5 Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos.
6 Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino á Israel en este tiempo?
7 Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad;
8 Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.
9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndo lo ellos, fué alzado; y una nube le recibió y le quitó de sus ojos.
10 Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;
11 Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Sabiduría
1 MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.
2 Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.
3 Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
4 El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer.
5 Mejor es oir la reprensión del sabio, que la canción de los necios.
6 Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
7 Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presente corrompe el corazón.
8 Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
9 No te apresures en tu espíritu á enojarte: porque la ira en el seno de los necios reposa.
10 Nunca digas: ¿Qué es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.
11 Buena es la ciencia con herencia; y más á los que ven el sol.
12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero: mas la sabiduría excede en que da vida á sus poseedores.
13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
Texto: Reina-Valera (1909).