Día 235 de 365
Esd 2:1–3:13, 2 Jn 1:1–13, 3 Jn 1:1–14, Job 6:21–30
Antiguo Testamento
2:1 Y ESTOS son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que Nabucodonosor rey de Babilonia hizo traspasar á Babilonia, y que volvieron á Jerusalem y á Judá, cada uno á su ciudad:
2:2 Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardochêo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel:
2:3 Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos;
2:4 Los hijos de Sephatías, trescientos setenta y dos;
2:5 Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco;
2:6 Los hijos de Pahath-moab, de los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos y doce;
2:7 Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro;
2:8 Los hijos de Zattu, novecientos cuarenta y cinco;
2:9 Los hijos de Zachâi, setecientos y sesenta;
2:10 Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos;
2:11 Los hijos de Bebai, seiscientos veinte y tres;
2:12 Los hijos de Azgad, mil doscientos veinte y dos;
2:13 Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis;
2:14 Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis;
2:15 Los hijos de Adin, cuatrocientos cincuenta y cuatro;
2:16 Los hijos de Ater, de Ezechîas, noventa y ocho;
2:17 Los hijos de Besai, trescientos veinte y tres;
2:18 Los hijos de Jora, ciento y doce;
2:19 Los hijos de Hasum, doscientos veinte y tres;
2:20 Los hijos de Gibbar, noventa y cinco;
2:21 Los hijos de Beth-lehem, ciento veinte y tres;
2:22 Los varones de Nethopha, cincuenta y seis;
2:23 Los varones de Anathoth, ciento veinte y ocho;
2:24 Los hijos de Asmaveth, cuarenta y dos;
2:25 Los hijos de Chîriath-jearim, Cephira, y Beeroth, setecientos cuarenta y tres;
2:26 Los hijos de Rama y Gabaa, seiscientos veinte y uno;
2:27 Los varones de Michmas, ciento veinte y dos;
2:28 Los varones de Beth-el y Hai, doscientos veinte y tres;
2:29 Los hijos de Nebo, cincuenta y dos;
2:30 Los hijos de Magbis, ciento cincuenta y seis;
2:31 Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro;
2:32 Los hijos de Harim, trescientos y veinte;
2:33 Los hijos de Lod, Hadid, y Ono, setecientos veinte y cinco;
2:34 Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;
2:35 Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos y treinta;
2:36 Los sacerdotes: los hijos de Jedaía, de la casa de Jesuá, novecientos setenta y tres;
2:37 Los hijos de Immer, mil cincuenta y dos;
2:38 Los hijos de Pashur, mil doscientos cuarenta y siete;
2:39 Los hijos de Harim, mil diez y siete.
2:40 Los Levitas: los hijos de Jesuá y de Cadmiel, de los hijos de Odovías, setenta y cuatro.
2:41 Los cantores: los hijos de Asaph, ciento veinte y ocho.
2:42 Los hijos de los porteros: los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Accub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; en todos, ciento treinta y nueve.
2:43 Los Nethineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasupha, los hijos de Thabaoth,
2:44 Los hijos de Chêros, los hijos de Siaa, los hijos de Phadón;
2:45 Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Accub;
2:46 Los hijos de Hagab, los hijos de Samlai, los hijos de Hanán;
2:47 Los hijos de Giddel, los hijos de Gaher, los hijos de Reaía;
2:48 Los hijos de Resin, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam;
2:49 Los hijos de Uzza, los hijos de Phasea, los hijos de Besai;
2:50 Los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nephusim;
2:51 Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacusa, los hijos de Harhur;
2:52 Los hijos de Basluth, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa;
2:53 Los hijos de Barcos, los hijos de Sisera, los hijos de Thema;
2:54 Los hijos de Nesía, los hijos de Hatipha.
2:55 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Sophereth, los hijos de Peruda;
2:56 Los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Giddel;
2:57 Los hijos de Sephatías, los hijos de Hatil, los hijos de Phochêreth-hassebaim, los hijos de Ami.
2:58 Todos los Nethineos, é hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos.
2:59 Y estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Chêrub, Addan, é Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel:
2:60 Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos.
2:61 Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y fué llamado del nombre de ellas.
2:62 Estos buscaron su registro de genealogías, y no fué hallado; y fueron echados del sacerdocio.
2:63 Y el Tirsatha les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Thummim.
2:64 Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta,
2:65 Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete: y tenían doscientos cantores y cantoras.
2:66 Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;
2:67 Sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte.
2:68 Y algunos de los cabezas de los padres, cuando vinieron á la casa de Jehová la cual estaba en Jerusalem, ofrecieron voluntariamente para la casa de Dios, para levantarla en su asiento.
2:69 Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, y cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales.
2:70 Y habitaron los sacerdotes, y los Levitas, y los del pueblo, y los cantores, y los porteros y los Nethineos, en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades.
3:1 Y LLEGADO el mes séptimo, y ya los hijos de Israel en las ciudades, juntóse el pueblo como un solo hombre en Jerusalem.
3:2 Entonces se levantó Jesuá hijo de Josadec, y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Sealthiel, y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios.
3:3 Y asentaron el altar sobre sus basas, bien que tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos á Jehová, holocaustos á la mañana y á la tarde.
3:4 Hicieron asimismo la solemnidad de las cabañas, como está escrito, y holocaustos cada día por cuenta, conforme al rito, cada cosa en su día;
3:5 Y á más de esto, el holocausto continuo, y las nuevas lunas, y todas las fiestas santificadas de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria á Jehová.
3:6 Desde el primer día del mes séptimo comenzaron á ofrecer holocaustos á Jehová; mas el templo de Jehová no estaba aún fundado.
3:7 Y dieron dinero á los carpinteros y oficiales; asimismo comida y bebida y aceite á los Sidonios y Tirios, para que trajesen madera de cedro del Líbano á la mar de Joppe, conforme á la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto.
3:8 Y en el año segundo de su venida á la casa de Dios en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Sealthiel, y Jesuá hijo de Josadec, y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los Levitas, y todos los que habían venido de la cautividad á Jerusalem; y pusieron á los Levitas de veinte años arriba para que tuviesen cargo de la obra de la casa de Jehová.
3:9 Jesuá también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un solo hombre asistían para dar priesa á los que hacían la obra en la casa de Dios: los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, Levitas.
3:10 Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron á los sacerdotes vestidos de sus ropas, con trompetas, y á Levitas hijos de Asaph con címbalos, para que alabasen á Jehová, según ordenanza de David rey de Israel.
3:11 Y cantaban, alabando y confesando á Jehová, y decían: Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con grande júbilo, alabando á Jehová, porque á la casa de Jehová se echaba el cimiento.
3:12 Y muchos de los sacerdotes y de los Levitas y de los cabezas de los padres, ancianos que habían visto la casa primera, viendo fundar esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría.
3:13 Y no podía discernir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro del pueblo: porque clamaba el pueblo con grande júbilo, y oíase el ruido hasta de lejos.
Nuevo Testamento
1 EL anciano á la señora elegida y á sus hijos, á los cuales yo amo en verdad; y no yo solo, sino también todos los que han conocido la verdad,
2 Por la verdad que está en nosotros, y será perpetuamente con nosotros:
3 Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor.
4 Mucho me he gozado, porque he hallado de tus hijos, que andan en verdad, como nosotros hemos recibido el mandamiento del Padre.
5 Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos á otros.
6 Y este es amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: Que andéis en él, como vosotros habéis oído desde el principio.
7 Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este tal el engañador es, y el anticristo.
8 Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado, sino que recibamos galardón cumplido.
9 Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene á Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.
10 Si alguno viene á vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡bienvenido!
11 Porque el que le dice bienvenido, comunica con sus malas obras.
12 Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido comunicarlas por medio de papel y tinta; mas espero ir á vosotros, y hablar boca á boca, para que nuestro gozo sea cumplido.
13 Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén.
1 EL anciano al muy amado Gaio, al cual yo amo en verdad.
2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad.
3 Ciertamente me gocé mucho cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad.
4 No tengo yo mayor gozo que éste, el oir que mis hijos andan en la verdad.
5 Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros,
6 Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: á los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien.
7 Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles.
8 Nosotros, pues, debemos recibir á los tales, para que seamos cooperadores á la verdad.
9 Yo he escrito á la iglesia: mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe.
10 Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe á los hermanos, y prohibe á los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia.
11 Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal, no ha visto á Dios.
12 Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad: y también nosotros damos testimonio; y vosotros habéis conocido que nuestro testimonio es verdadero.
13 Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma:
14 Porque espero verte en breve, y hablaremos boca á boca. Paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú á los amigos por nombre.
Sabiduría
21 Ahora ciertamente como ellas sois vosotros: que habéis visto el tormento, y teméis.
22 ¿Os he dicho yo: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda;
23 Y libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos?
24 Enseñadme, y yo callaré: y hacedme entender en qué he errado.
25 ¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el que reprende de vosotros?
26 ¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
27 También os arrojáis sobre el huérfano, y hacéis hoyo delante de vuestro amigo.
28 Ahora pues, si queréis, mirad en mí, y ved si miento delante de vosotros.
29 Tornad ahora, y no haya iniquidad; volved aún á considerar mi justicia en esto.
30 ¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿no puede mi paladar discernir las cosas depravadas?
Texto: Reina-Valera (1909).