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Día 251 de 365

Est 6:1–7:10, Ro 11:21–36, Sal 107:1–43

Antiguo Testamento

Est 6:1–7:10

6:1 AQUELLA noche se le fué el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias de las cosas de los tiempos: y leyéronlas delante del rey.

6:2 Y hallóse escrito que Mardochêo había denunciado de Bigthan y de Teres, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, que habían procurado meter mano en el rey Assuero.

6:3 Y dijo el rey: ¿Qué honra ó que distinción se hizo á Mardochêo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.

6:4 Entonces dijo el rey: ¿Quién está en el patio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para decir al rey que hiciese colgar á Mardochêo en la horca que él le tenía preparada.

6:5 Y los servidores del rey le respondieron: He aquí Amán está en el patio. Y el rey dijo: Entre.

6:6 Entró pues Amán, y el rey le dijo: ¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey? Y dijo Amán en su corazón: ¿A quién deseará el rey hacer honra más que á mí?

6:7 Y respondió Amán al rey: Al varón cuya honra desea el rey,

6:8 Traigan el vestido real de que el rey se viste, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real que está puesta en su cabeza;

6:9 Y den el vestido y el caballo en mano de alguno de los príncipes más nobles del rey, y vistan á aquel varón cuya honra desea el rey, y llévenlo en el caballo por la plaza de la ciudad, y pregonen delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.

6:10 Entonces el rey dijo á Amán: Date priesa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardochêo, que se sienta á la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho.

6:11 Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió á Mardochêo, y llevólo á caballo por la plaza de la ciudad, é hizo pregonar delante de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey.

6:12 Después de esto Mardochêo se volvió á la puerta del rey, y Amán se fué corriendo á su casa, apesadumbrado y cubierta su cabeza.

6:13 Contó luego Amán á Zeres su mujer, y á todos sus amigos, todo lo que le había acontecido: y dijéronle sus sabios, y Zeres su mujer: Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado á caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él.

6:14 Aun estaban ellos hablando con él, cuando los eunucos del rey llegaron apresurados, para hacer venir á Amán al banquete que Esther había dispuesto.

7:1 VINO pues el rey con Amán á beber con la reina Esther.

7:2 Y también el segundo día dijo el rey á Esther en el convite del vino: ¿Cuál es tu petición, reina Esther, y se te concederá? ¿Cuál es pues tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, pondráse por obra.

7:3 Entonces la reina Esther respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda.

7:4 Porque vendidos estamos yo y mi pueblo, para ser destruídos, para ser muertos y exterminados. Y si para siervos y siervas fuéramos vendidos, callárame, bien que el enemigo no compensara el daño del rey.

7:5 Y respondió el rey Assuero, y dijo á la reina Esther: ¿Quién es, y dónde está, aquél á quien ha henchido su corazón para obrar así?

7:6 Y Esther dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.

7:7 Levantóse luego el rey del banquete del vino en su furor, y se fué al huerto del palacio: y quedóse Amán para procurar de la reina Esther por su vida; porque vió que estaba resuelto para él el mal de parte del rey.

7:8 Volvió después el rey del huerto del palacio al aposento del banquete del vino, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Esther. Entonces dijo el rey: ¿También para forzar la reina, estando conmigo en casa? Como esta palabra salió de la boca del rey, el rostro de Amán fué cubierto.

7:9 Y dijo Harbona, uno de los eunucos de delante del rey: He aquí también la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardochêo, el cual había hablado bien por el rey, está en casa de Amán. Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella.

7:10 Así colgaron á Amán en la horca que él había hecho aparejar para Mardochêo; y apaciguóse la ira del rey.

Nuevo Testamento

Ro 11:21–36

21 Que si Dios no perdonó á las ramas naturales, á ti tampoco no perdone.

22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán ingeridos; que poderoso es Dios para volverlos á ingerir.

24 Porque si tú eres cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste ingerido en la buena oliva, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán ingeridos en su oliva?

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles;

26 Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad;

27 Y este es mi pacto con ellos, cuando quitare su pecados.

28 Así que, cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros: mas cuanto á la elección, son muy amados por causa de los padres.

29 Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios.

30 Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis á Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;

31 Así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, é inescrutables sus caminos!

34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero?

35 ¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado?

36 Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.

Salmo

Sal 107:1–43

1 ALABAD á Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.

2 Dígan lo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo,

3 Y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del aquilón y de la mar.

4 Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, no hallando ciudad de población.

5 Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos.

6 Habiendo empero clamado á Jehová en su angustia, librólos de sus aflicciones:

7 Y dirigiólos por camino derecho, para que viniesen á ciudad de población.

8 Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

9 Porque sació al alma menesterosa, y llenó de bien al alma hambrienta.

10 Los que moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros;

11 Por cuanto fueron rebeldes á las palabras de Jehová, y aborrecieron el consejo del Altísimo,

12 Por lo que quebrantó él con trabajo sus corazones, cayeron y no hubo quien les ayudase;

13 Luego que clamaron á Jehová en su angustia, librólos de sus aflicciones.

14 Sacólos de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones.

15 Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

16 Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro.

17 Los insensatos, á causa del camino de su rebelión y á causa de sus maldades, fueron afligidos.

18 Su alma abominó toda vianda, y llegaron hasta las puertas de la muerte.

19 Mas clamaron á Jehová en su angustia, y salvólos de sus aflicciones.

20 Envió su palabra, y curólos, y librólos de su ruina.

21 Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres:

22 Y sacrifiquen sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.

23 Los que descienden á la mar en navíos, y hacen negocio en las muchas aguas,

24 Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el profundo.

25 El dijo, é hizo saltar el viento de la tempestad, que levanta sus ondas.

26 Suben á los cielos, descienden á los abismos: sus almas se derriten con el mal.

27 Tiemblan, y titubean como borrachos, y toda su ciencia es perdida.

28 Claman empero á Jehová en su angustia, y líbralos de sus aflicciones.

29 Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.

30 Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban.

31 Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.

32 Y ensálcenlo en la congregación del pueblo; y en consistorio de ancianos lo alaben.

33 El vuelve los ríos en desierto, y los manantiales de las aguas en secadales;

34 La tierra fructífera en salados, por la maldad de los que la habitan.

35 Vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales.

36 Y allí aposenta á los hambrientos, y disponen ciudad para habitación;

37 Y siembran campos, y plantan viñas, y rinden crecido fruto.

38 Y los bendice, y se multiplican en gran manera; y no disminuye sus bestias.

39 Y luego son menoscabados y abatidos á causa de tiranía, de males y congojas.

40 El derrama menosprecio sobre los príncipes, y les hace andar errados, vagabundos, sin camino:

41 Y levanta al pobre de la miseria, y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas.

42 Vean los rectos, y alégrense; y toda maldad cierre su boca.

43 ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?

Texto: Reina-Valera (1909).