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Día 309 de 365

Lm 4:1–5:22, Ez 1:1–28, Col 4:1–18, Job 29:1–20

Antiguo Testamento

Lm 4:1–5:22

4:1 ¡CÓMO se ha oscurecido el oro! ¡ Cómo el buen oro se ha demudado! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.

4:2 Los hijos de Sión, preciados y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos de alfarero!

4:3 Aun los monstruos marinos sacan la teta, dan de mamar á sus chiquitos: la hija de mi pueblo es cruel, como los avestruces en el desierto.

4:4 La lengua del niño de teta, de sed se pegó á su paladar: los chiquitos pidieron pan, y no hubo quien se lo partiese.

4:5 Los que comían delicadamente, asolados fueron en las calles; los que se criaron en carmesí, abrazaron los estercoleros.

4:6 Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fué trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías.

4:7 Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más lustrosos que la leche, su compostura más rubicunda que los rubíes, más bellos que el zafiro:

4:8 Oscura más que la negrura es la forma de ellos; no los conocen por las calles: su piel está pegada á sus huesos, seca como un palo.

4:9 Más dichosos fueron los muertos á cuchillo que los muertos del hambre; porque éstos murieron poco á poco por falta de los frutos de la tierra.

4:10 Las manos de las mujeres piadosas cocieron á sus hijos; fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.

4:11 Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos.

4:12 Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem.

4:13 Es por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, que derramaron en medio de ella la sangre de los justos.

4:14 Titubearon como ciegos en las calles, fueron contaminados en sangre, de modo que no pudiesen tocar á sus vestiduras.

4:15 Apartaos ¡inmundos!, les gritaban, Apartaos, apartaos, no toquéis. Cuando huyeron y fueron dispersos, dijeron entre las gentes: Nunca más morarán aquí.

4:16 La ira de Jehová los apartó, no los mirará más: no respetaron la faz de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos.

4:17 Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: en nuestra esperanza aguardamos gente que no puede salvar.

4:18 Cazaron nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino.

4:19 Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.

4:20 El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová, de quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las gentes: fué preso en sus hoyos.

4:21 Gózate y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará el cáliz; embriagarte has, y vomitarás.

4:22 Cumplido es tu castigo, oh hija de Sión: nunca más te hará trasportar. Visitará tu iniquidad, oh hija de Edom; descubrirá tus pecados.

5:1 ACUÉRDATE, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido: ve y mira nuestro oprobio.

5:2 Nuestra heredad se ha vuelto á extraños, nuestras casas á forasteros.

5:3 Huérfanos somos sin padre, nuestras madres como viudas.

5:4 Nuestra agua bebemos por dinero; nuestra leña por precio compramos.

5:5 Persecución padecemos sobre nuestra cerviz: nos cansamos, y no hay para nosotros reposo.

5:6 Al Egipcio y al Asirio dimos la mano, para saciarnos de pan.

5:7 Nuestros padres pecaron, y son muertos; y nosotros llevamos sus castigos.

5:8 Siervos se enseñorearon de nosotros; no hubo quien de su mano nos librase.

5:9 Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan delante del cuchillo del desierto.

5:10 Nuestra piel se ennegreció como un horno á causa del ardor del hambre.

5:11 Violaron á las mujeres en Sión, á las vírgenes en las ciudades de Judá.

5:12 A los príncipes colgaron por su mano; no respetaron el rostro de los viejos.

5:13 Llevaron los mozos á moler, y los muchachos desfallecieron en la leña.

5:14 Los ancianos cesaron de la puerta, los mancebos de sus canciones.

5:15 Cesó el gozo de nuestro corazón; nuestro corro se tornó en luto.

5:16 Cayó la corona de nuestra cabeza: ¡ay ahora de nosotros! porque pecamos.

5:17 Por esto fué entristecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestros ojos:

5:18 Por el monte de Sión que está asolado; zorras andan en él.

5:19 Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre: tu trono de generación en generación.

5:20 ¿Por qué te olvidarás para siempre de nosotros, y nos dejarás por largos días?

5:21 Vuélvenos, oh Jehová, á ti, y nos volveremos: renueva nuestros días como al principio.

5:22 Porque repeliendo nos has desechado; te has airado contra nosotros en gran manera.

Ez 1:1–28

1 Y FUÉ que á los treinta años, en el mes cuarto, á cinco del mes, estando yo en medio de los trasportados junto al río de Chebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.

2 A los cinco del mes, que fué en el quinto año de la transmigración del rey Joachîn,

3 Fué palabra de Jehová á Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los Caldeos, junto al río de Chebar; fué allí sobre él la mano de Jehová.

4 Y miré, y he aquí un viento tempestuoso venía del aquilón, una gran nube, con un fuego envolvente, y en derredor suyo un resplandor, y en medio del fuego una cosa que parecía como de ámbar,

5 Y en medio de ella, figura de cuatro animales. Y este era su parecer; había en ellos semejanza de hombre.

6 Y cada uno tenía cuatro rostros, y cuatro alas.

7 Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como la planta de pie de becerro; y centelleaban á manera de bronce muy bruñido.

8 Y debajo de sus alas, á sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus rostros y sus alas por los cuatro lados.

9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban; cada uno caminaba en derecho de su rostro.

10 Y la figura de sus rostros era rostro de hombre; y rostro de león á la parte derecha en los cuatro; y á la izquierda rostro de buey en los cuatro; asimismo había en los cuatro rostro de águila.

11 Tales eran sus rostros; y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos.

12 Y cada uno caminaba en derecho de su rostro: hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; cuando andaban, no se volvían.

13 Cuanto á la semejanza de los animales, su parecer era como de carbones de fuego encendidos, como parecer de hachones encendidos: discurría entre los animales; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos.

14 Y los animales corrían y tornaban á semejanza de relámpagos.

15 Y estando yo mirando los animales, he aquí una rueda en la tierra junto á los animales, á sus cuatro caras.

16 Y el parecer de las ruedas y su obra semejábase al color del topacio. Y las cuatro tenían una misma semejanza: su apariencia y su obra como rueda en medio de rueda.

17 Cuando andaban, se movían sobre sus cuatro costados: no se volvían cuando andaban.

18 Y sus cercos eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en las cuatro.

19 Y cuando los animales andaban, las ruedas andaban junto á ellos: y cuando los animales se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban.

20 Hacia donde el espíritu era que anduviesen, andaban; hacia donde era el espíritu que anduviesen, las ruedas también se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.

21 Cuando ellos andaban, andaban ellas; y cuando ellos se paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los animales estaba en las ruedas.

22 Y sobre las cabezas de cada animal aparecía expansión á manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas.

23 Y debajo de la expansión estaban las alas de ellos derechas la una á la otra; á cada uno dos, y otras dos con que se cubrían sus cuerpos.

24 Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como la voz de un ejército. Cuando se paraban, aflojaban sus alas.

25 Y cuando se paraban y aflojaban sus alas, oíase voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas.

26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas, veíase la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.

27 Y vi apariencia como de ámbar, como apariencia de fuego dentro de ella en contorno, por el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor.

28 Cual parece el arco del cielo que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fué la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y luego que yo la hube visto, caí sobre mi rostro, y oí voz de uno que hablaba.

Nuevo Testamento

Col 4:1–18

1 AMOS, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos.

2 Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias:

3 Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso,

4 Para que lo manifieste como me conviene hablar.

5 Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo.

6 Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno.

7 Todos mis negocios os hará saber Tichîco, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor:

8 El cual os he enviado á esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones;

9 Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os harán saber.

10 Aristarchô, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere á vosotros, recibidle),

11 Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: éstos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo.

12 Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en oraciones, para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere.

13 Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que en Hierápolis.

14 Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.

15 Saludad á los hermanos que están en Laodicea, y á Nimfas, y á la iglesia que está en su casa.

16 Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros.

17 Y decid á Archîpo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del Señor.

18 La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén. Escrita de Roma á los Colosenses; enviada con Tichîco y Onésimo.

Sabiduría

Job 29:1–20

1 Y VOLVIÓ Job á tomar su propósito, y dijo:

2 ¡Quién me tornase como en los meses pasados, como en los días que Dios me guardaba,

3 Cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, á la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;

4 Como fué en los días de mi mocedad, cuando el secreto de Dios estaba en mi tienda;

5 Cuando aun el Omnipotente estaba conmigo, y mis hijos alrededor de mí;

6 Cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7 Cuando salía á la puerta á juicio, y en la plaza hacía preparar mi asiento,

8 Los mozos me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie;

9 Los príncipes detenían sus palabras, ponían la mano sobre su boca;

10 La voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba á su paladar:

11 Cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio:

12 Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.

13 La bendición del que se iba á perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.

14 Vestíame de justicia, y ella me vestía como un manto; y mi toca era juicio.

15 Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.

16 A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia:

17 Y quebraba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa.

18 Y decía yo: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.

19 Mi raíz estaba abierta junto á las aguas, y en mis ramas permanecía el rocío.

20 Mi honra se renovaba en mí, y mi arco se corroboraba en mi mano.

Texto: Reina-Valera (1909).