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Día 308 de 365

Lm 2:1–3:66, Col 3:1–25, Sal 128:1–6

Antiguo Testamento

Lm 2:1–3:66

2:1 ¡CÓMO oscureció el Señor en su furor á la hija de Sión! Derribó del cielo á la tierra la hermosura de Israel, y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira.

2:2 Destruyó el Señor, y no perdonó; destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, deslustró el reino y sus príncipes.

2:3 Cortó con el furor de su ira todo el cuerno de Israel; hizo volver atrás su diestra delante del enemigo; y encendióse en Jacob como llama de fuego que ha devorado en contorno.

2:4 Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, y mató toda cosa hermosa á la vista: en la tienda de la hija de Sión derramó como fuego su enojo.

2:5 Fué el Señor como enemigo, destruyó á Israel; destruyó todos sus palacios, disipó sus fortalezas: y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y lamento.

2:6 Y quitó su tienda como de un huerto, destruyó el lugar de su congregación: Jehová ha hecho olvidar en Sión solemnidades y sábados, y ha desechado en el furor de su ira rey y sacerdote.

2:7 Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario, ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios: dieron grita en la casa de Jehová como en día de fiesta.

2:8 Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sión; extendió el cordel, no retrajo su mano de destruir: hizo pues, se lamentara el antemuro y el muro; fueron destruídos juntamente.

2:9 Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos: su rey y sus príncipes están entre las gentes donde no hay ley; sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.

2:10 Sentáronse en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sión; echaron polvo sobre sus cabezas, ciñéronse de saco; las vírgenes de Jerusalem bajaron sus cabezas á tierra.

2:11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, rugieron mis entrañas, mi hígado se derramó por tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo, cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.

2:12 Decían á sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, derramando sus almas en el regazo de sus madres.

2:13 ¿Qué testigo te traeré, ó á quién te haré semejante, hija de Jerusalem? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sión? Porque grande es tu quebrantamiento como la mar: ¿quién te medicinará?

2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para estorbar tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.

2:15 Todos los que pasaban por el camino, batieron las manos sobre ti; silbaron, y movieron sus cabezas sobre la hija de Jerusalem, diciendo: ¿Es ésta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?

2:16 Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca, silbaron, y rechinaron los dientes; dijeron: Devoremos: cierto éste es el día que esperábamos; lo hemos hallado, vímoslo.

2:17 Jehová ha hecho lo que tenía determinado, ha cumplido su palabra que él había mandado desde tiempo antiguo: destruyó, y no perdonó; y alegró sobre ti al enemigo, y enalteció el cuerno de tus adversarios.

2:18 El corazón de ellos clamaba al Señor: Oh muro de la hija de Sión, echa lágrimas como un arroyo día y noche; no descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.

2:19 Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza tus manos á él por la vida de tus pequeñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles.

2:20 Mira, oh Jehová, y considera á quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los pequeñitos de sus crías? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?

2:21 Niños y viejos yacían por tierra en las calles; mis vírgenes y mis mancebos cayeron á cuchillo: mataste en el día de tu furor, degollaste, no perdonaste.

2:22 Has llamado, como á día de solemnidad, mis temores de todas partes; y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo: los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.

3:1 YO soy el hombre que ha visto aflicción en la vara de su enojo.

3:2 Guióme y llevóme en tinieblas, mas no en luz.

3:3 Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.

3:4 Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos.

3:5 Edificó contra mí, y cercóme de tósigo y de trabajo.

3:6 Asentóme en oscuridades, como los ya muertos de mucho tiempo.

3:7 Cercóme por todos lados, y no puedo salir; agravó mis grillos.

3:8 Aun cuando clamé y dí voces, cerro los oídos á mi oración.

3:9 Cercó mis caminos con piedra tajada, torció mis senderos.

3:10 Como oso que acecha fué para mí, como león en escondrijos.

3:11 Torció mis caminos, y depedazóme; tornóme asolado.

3:12 Su arco entesó, y púsome como blanco á la saeta.

3:13 Hizo entrar en mis riñones las saetas de su aljaba.

3:14 Fuí escarnio á todo mi pueblo, canción de ellos todos los días.

3:15 Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos.

3:16 Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza.

3:17 Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien.

3:18 Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza de Jehová.

3:19 Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel.

3:20 Tendrálo aún en memoria mi alma, porque en mí está humillada.

3:21 Esto reduciré á mi corazón, por lo cual esperaré.

3:22 Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.

3:23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.

3:24 Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré.

3:25 Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare.

3:26 Bueno es esperar callando en la salud de Jehová.

3:27 Bueno es al hombre, si llevare el yugo desde su mocedad.

3:28 Sentaráse solo, y callará, porque lo llevó sobre sí.

3:29 Pondrá su boca en el polvo, por si quizá hay esperanza.

3:30 Dará la mejilla al que le hiriere; hartaráse de afrenta.

3:31 Porque el Señor no desechará para siempre:

3:32 Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias.

3:33 Porque no aflige ni congoja de su corazón á los hijos de los hombres.

3:34 Desmenuzar bajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra,

3:35 Hacer apartar el derecho del hombre ante la presencia del Altísimo,

3:36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo sabe.

3:37 ¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó?

3:38 ¿De la boca del Altísimo no saldrá malo y bueno?

3:39 ¿Por qué murmura el hombre viviente, el hombre en su pecado?

3:40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos á Jehová.

3:41 Levantemos nuestros corazones con las manos á Dios en los cielos.

3:42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste.

3:43 Desplegaste la ira, y nos perseguiste; mataste, no perdonaste.

3:44 Te cubriste de nube, porque no pasase la oración nuestra.

3:45 Raedura y abominación nos tornaste en medio de los pueblos.

3:46 Todos nuestros enemigos abrieron sobre nosotros su boca.

3:47 Temor y lazo fué para nosotros, asolamiento y quebrantamiento.

3:48 Ríos de aguas echan mis ojos, por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.

3:49 Mis ojos destilan, y no cesan, porque no hay alivio,

3:50 Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos.

3:51 Mis ojos contristaron mi alma, por todas las hijas de mi ciudad.

3:52 Mis enemigos me dieron caza como á ave, sin por qué.

3:53 Ataron mi vida en mazmorra, pusieron piedra sobre mí.

3:54 Aguas de avenida vinieron sobre mi cabeza; yo dije: Muerto soy.

3:55 Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda.

3:56 Oiste mi voz; no escondas tu oído á mi clamor, para mi respiro.

3:57 Acercástete el día que te invoqué: dijiste: No temas.

3:58 Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.

3:59 Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa.

3:60 Tú has visto toda su venganza; todos sus pensamientos contra mí.

3:61 Tú has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí;

3:62 Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día.

3:63 Su sentarse, y su levantarse mira: yo soy su canción.

3:64 Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos.

3:65 Dales ansia de corazón, tu maldición á ellos.

3:66 Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.

Nuevo Testamento

Col 3:1–25

1 SI habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado á la diestra de Dios.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

3 Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

5 Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría:

6 Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión.

7 En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas.

8 Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.

9 No mintáis los unos á los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,

10 Y revestídoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme á la imagen del que lo crió;

11 Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos.

12 Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;

13 Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

14 Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.

15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, á la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.

16 La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.

17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.

18 Casadas, estad sujetas á vuestros maridos, como conviene en el Señor.

19 Maridos, amad á vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ellas.

20 Hijos, obedeced á vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.

21 Padres, no irritéis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.

22 Siervos, obedeced en todo á vuestros amos carnales, no sirviendo al ojo, como los que agradan á los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo á Dios:

23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres;

24 Sabiendo que del Señor recibiréis la compensación de la herencia: porque al Señor Cristo servís.

25 Mas el que hace injuria, recibirá la injuria que hiciere; que no hay acepción de personas.

Salmo

Sal 128:1–6

1 Cántico gradual. BIENAVENTURADO todo aquel que teme á Jehová, que anda en sus caminos.

2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y tendrás bien.

3 Tu mujer será como parra que lleva fruto á los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.

4 He aquí que así será bendito el hombre que teme á Jehová.

5 Bendígate Jehová desde Sión, y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida.

6 Y veas los hijos de tus hijos, y la paz sobre Israel.

Texto: Reina-Valera (1909).