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О путешествующих

в дорогу, в плавании, в воздухе

Por ahora solo en ruso

Oraciones de la Escritura

Поднимаю глаза мои к горамSal 121

Главный псалом путешествующего.

Sal 121

1 Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro.

2 Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.

3 No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda.

4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda á Israel.

5 Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.

6 El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.

7 Jehová te guardará de todo mal: él guardará tu alma.

8 Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.

Спускающиеся в мореSal 107:23–30

Для плавающих и для тех, кто в пути по воде.

Sal 107:23–30

23 Los que descienden á la mar en navíos, y hacen negocio en las muchas aguas,

24 Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el profundo.

25 El dijo, é hizo saltar el viento de la tempestad, que levanta sus ondas.

26 Suben á los cielos, descienden á los abismos: sus almas se derriten con el mal.

27 Tiemblan, y titubean como borrachos, y toda su ciencia es perdida.

28 Claman empero á Jehová en su angustia, y líbralos de sus aflicciones.

29 Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.

30 Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban.

Благословение Товии: «Ангел Божий да сопутствует вам»Tb 5:17–17

Пожелание в дорогу, второканон.

Tb 5:17–17

Este libro o capítulo no está en la Biblia española que usamos (Reina-Valera), por eso se muestra el texto sinodal ruso.

17 Так и условились. Тогда он сказал Товии: будь готов в путь, и отправляйтесь благополучно. И приготовил сын его нужное для пути. И сказал ему отец: иди с этим человеком; живущий же на небесах Бог да благоустроит путь ваш, и Ангел Его да сопутствует вам! - И отправились оба, и собака юноши с ними.

Живущий под кровом ВсевышнегоSal 91

Sal 91

1 EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.

2 Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.

3 Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora.

4 Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.

5 No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día;

6 Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya.

7 Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará.

8 Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos.

9 Porque tú has puesto á Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,

10 No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

11 Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.

12 En las manos te llevarán, porque tu pie no tropiece en piedra.

13 Sobre el león y el basilisco pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.

14 Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

15 Me invocará, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: lo libraré, y le glorificaré.

16 Saciarélo de larga vida, y mostraréle mi salud.

Lo que dice la Escritura

Hch 27

1 MAS como fué determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron á Pablo y á algunos otros presos á un centurión, llamado Julio, de la compañía Augusta.

2 Así que, embarcándonos en una nave Adrumentina, partimos, estando con nosotros Aristarco, Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares de Asia.

3 Y otro día llegamos á Sidón; y Julio, tratando á Pablo con humanidad, permitióle que fuese á los amigos, para ser de ellos asistido.

4 Y haciéndonos á la vela desde allí, navegamos bajo de Cipro, porque los vientos eran contrarios.

5 Y habiendo pasado la mar de Cilicia y Pamphylia, arribamos á Mira, ciudad de Licia.

6 Y hallando allí el centurión una nave Alejandrina que navegaba á Italia, nos puso en ella.

7 Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta, junto á Salmón.

8 Y costeándola difícilmente, llegamos á un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

9 Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,

10 Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no sólo de la cargazón y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegación.

11 Mas el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave, que á lo que Pablo decía.

12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aún de allí, por si pudiesen arribar á Fenice é invernar allí, que es un puerto de Creta que mira al Nordeste y Sudeste.

13 Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas, iban cerca de la costa de Creta.

14 Mas no mucho después dió en ella un viento repentino, que se llama Euroclidón.

15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, la dejamos, y éramos llevados.

16 Y habiendo corrido á sotavento de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife:

17 El cual tomado, usaban de remedios, ciñendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados.

18 Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, al siguiente día alijaron;

19 Y al tercer día nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave.

20 Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.

21 Entonces Pablo, habiendo ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y daño.

22 Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave.

23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios del cual yo soy, y al cual sirvo,

24 Diciendo: Pablo, no temas; es menester que seas presentado delante de César; y he aquí, Dios te ha dado todos los que navegan contigo.

25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho;

26 Si bien es menester que demos en una isla.

27 Y venida la décimacuarta noche, y siendo llevados por el mar Adriático, los marineros á la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra;

28 Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince brazas.

29 Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día.

30 Entonces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife á la mar, aparentando como que querían largar las anclas de proa,

31 Pablo dijo al centurión y á los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros.

32 Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronlo perder.

33 Y como comenzó á ser de día, Pablo exhortaba á todos que comiesen, diciendo: Este es el décimocuarto día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada.

34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.

35 Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias á Dios en presencia de todos, y partiendo, comenzó á comer.

36 Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también.

37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis.

38 Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano á la mar.

39 Y como se hizo de día, no conocían la tierra: mas veían un golfo que tenía orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave.

40 Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse á la orilla.

41 Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abría con la fuerza de la mar.

42 Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando.

43 Mas el centurión, queriendo salvar á Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra;

44 Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo á tierra.

Salmos

Sal 91

Sal 91

1 EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.

2 Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.

3 Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora.

4 Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.

5 No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día;

6 Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya.

7 Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará.

8 Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos.

9 Porque tú has puesto á Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación,

10 No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

11 Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.

12 En las manos te llevarán, porque tu pie no tropiece en piedra.

13 Sobre el león y el basilisco pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón.

14 Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

15 Me invocará, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: lo libraré, y le glorificaré.

16 Saciarélo de larga vida, y mostraréle mi salud.

Sal 107:23–30

Sal 107:23–30

23 Los que descienden á la mar en navíos, y hacen negocio en las muchas aguas,

24 Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el profundo.

25 El dijo, é hizo saltar el viento de la tempestad, que levanta sus ondas.

26 Suben á los cielos, descienden á los abismos: sus almas se derriten con el mal.

27 Tiemblan, y titubean como borrachos, y toda su ciencia es perdida.

28 Claman empero á Jehová en su angustia, y líbralos de sus aflicciones.

29 Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.

30 Alégranse luego porque se reposaron; y él los guía al puerto que deseaban.

Sal 121

Sal 121

1 Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro.

2 Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.

3 No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda.

4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda á Israel.

5 Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.

6 El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.

7 Jehová te guardará de todo mal: él guardará tu alma.

8 Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.