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Día 20 de 90

Lc 1:1–2:52 · unos 10 min

Lc 1:1–2:52

1:1 HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

1:2 Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

1:3 Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

1:4 Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

1:5 HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.

1:6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.

1:7 Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.

1:8 Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,

1:9 Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.

1:10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.

1:11 Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.

1:12 Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor sobre él.

1:13 Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

1:14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

1:15 Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.

1:16 Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

1:17 Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

1:18 Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.

1:19 Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.

1:20 Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.

1:21 Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.

1:22 Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo.

1:23 Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.

1:24 Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:

1:25 Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.

1:26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

1:27 A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.

1:28 Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.

1:29 Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.

1:30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.

1:31 Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.

1:32 Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:

1:33 Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.

1:34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.

1:35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

1:36 Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:

1:37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios.

1:38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.

1:39 En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;

1:40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.

1:41 Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,

1:42 Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

1:43 ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?

1:44 Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

1:45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

1:46 Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;

1:47 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador.

1:48 Porque ha mirado á la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

1:49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre.

1:50 Y su misericordia de generación á generación á los que le temen.

1:51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

1:52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes.

1:53 A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos.

1:54 Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia,

1:55 Como habló á nuestros padres á Abraham y á su simiente para siempre.

1:56 Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.

1:57 Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.

1:58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.

1:59 Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.

1:60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.

1:61 Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.

1:62 Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.

1:63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

1:64 Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.

1:65 Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.

1:66 Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.

1:67 Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

1:68 Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención á su pueblo,

1:69 Y nos alzó un cuerno de salvación en la casa de David su siervo,

1:70 Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:

1:71 Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;

1:72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo pacto;

1:73 Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, que nos había de dar,

1:74 Que sin temor librados de nuestros enemigos, le serviríamos

1:75 En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros.

1:76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;

1:77 Dando conocimiento de salud á su pueblo, para remisión de sus pecados,

1:78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el Oriente,

1:79 Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.

1:80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.

2:1 Y ACONTECIÓ en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.

2:2 Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.

2:3 E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.

2:4 Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;

2:5 Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba en cinta.

2:6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.

2:7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

2:8 Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.

2:9 Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.

2:10 Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

2:11 Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

2:12 Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.

2:13 Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:

2:14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.

2:15 Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.

2:16 Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.

2:17 Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.

2:18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

2:19 Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.

2:20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

2:21 Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESÚS; el cual le fué puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.

2:22 Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,

2:23 (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),

2:24 Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.

2:25 Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.

2:26 Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.

2:27 Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley,

2:28 Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:

2:29 Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz;

2:30 Porque han visto mis ojos tu salvación,

2:31 La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;

2:32 Luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.

2:33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.

2:34 Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;

2:35 Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.

2:36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;

2:37 Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.

2:38 Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.

2:39 Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.

2:40 Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.

2:41 E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.

2:42 Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.

2:43 Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.

2:44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:

2:45 Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.

2:46 Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.

2:47 Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.

2:48 Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.

2:49 Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?

2:50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

2:51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

2:52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.

Texto: Reina-Valera (1909).