BIBLIAEdición Baikal
ES
Ajustes

Día 16 de 30

Sal 75:1–78:72 · unos 7 min

Sal 75:1–78:72

75:1 Al Músico principal: sobre No destruyas: Salmo de Asaph: Cántico. ALABARÉMOSTE, oh Dios, alabaremos; que cercano está tu nombre: cuenten tus maravillas.

75:2 Cuando yo tuviere tiempo, yo juzgaré rectamente.

75:3 Arruinábase la tierra y sus moradores: yo sostengo sus columnas. (Selah.)

75:4 Dije á los insensatos: No os infatuéis; y á los impíos: No levantéis el cuerno:

75:5 No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz erguida.

75:6 Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento.

75:7 Mas Dios es el juez: á éste abate, y á aquél ensalza.

75:8 Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino es tinto, lleno de mistura; y él derrama del mismo: ciertamente sus heces chuparán y beberán todos los impíos de la tierra.

75:9 Mas yo anunciaré siempre, cantaré alabanzas al Dios de Jacob.

75:10 Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: los cuernos del justo serán ensalzados.

76:1 Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de Asaph: Canción. DIOS es conocido en Judá: en Israel es grande su nombre.

76:2 Y en Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sión.

76:3 Allí quebró las saetas del arco, el escudo, y la espada, y tren de guerra. (Selah.)

76:4 Ilustre eres tú; fuerte, más que los montes de caza.

76:5 Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes.

76:6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron entorpecidos.

76:7 Tú, terrible eres tú: ¿y quién parará delante de ti, en comenzando tu ira?

76:8 Desde los cielos hiciste oir juicio; la tierra tuvo temor y quedó suspensa,

76:9 Cuando te levantaste, oh Dios, al juicio, para salvar á todos los mansos de la tierra. (Selah.)

76:10 Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza: tú reprimirás el resto de las iras.

76:11 Prometed, y pagad á Jehová vuestro Dios: todos los que están alrededor de él, traigan presentes al Terrible.

76:12 Cortará él el espíritu de los príncipes: terrible es á los reyes de la tierra.

77:1 Al Músico principal: para Jeduthún: Salmo de Asaph. CON mi voz clamé á Dios, á Dios clamé, y él me escuchará.

77:2 Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no cesaba: mi alma rehusaba consuelo.

77:3 Acordábame de Dios, y gritaba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. (Selah.)

77:4 Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba.

77:5 Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos.

77:6 Acordábame de mis canciones de noche; meditaba con mi corazón, y mi espíritu inquiría.

77:7 ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más á amar?

77:8 ¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿hase acabado la palabra suya para generación y generación?

77:9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿ha encerrado con ira sus piedades? (Selah.)

77:10 Y dije: Enfermedad mía es esta; traeré pues á la memoria los años de la diestra del Altísimo.

77:11 Acordaréme de las obras de JAH: sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.

77:12 Y meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.

77:13 Oh Dios, en santidad es tu camino: ¿qué Dios grande como el Dios nuestro?

77:14 Tú eres el Dios que hace maravillas: tú hiciste notoria en los pueblos tu fortaleza.

77:15 Con tu brazo redimiste á tu pueblo, á los hijos de Jacob y de José. (Selah.)

77:16 Viéronte las aguas, oh Dios; viéronte las aguas, temieron; y temblaron los abismos.

77:17 Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos.

77:18 Anduvo en derredor el sonido de tus truenos; los relámpagos alumbraron el mundo; estremecióse y tembló la tierra.

77:19 En la mar fué tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.

77:20 Condujiste á tu pueblo como ovejas, por mano de Moisés y de Aarón.

78:1 Masquil de Asaph. ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: inclinad vuestro oído á las palabras de mi boca.

78:2 Abriré mi boca en parábola; hablaré cosas reservadas de antiguo:

78:3 Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron.

78:4 No las encubriremos á sus hijos, contando á la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.

78:5 El estableció testimonio en Jacob, y pusó ley en Israel; la cual mandó á nuestros padres que la notificasen á sus hijos;

78:6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten á sus hijos;

78:7 A fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos:

78:8 Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no apercibió su corazón, ni fué fiel para con Dios su espíritu.

78:9 Los hijos de Ephraim armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla.

78:10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley:

78:11 Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado.

78:12 Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

78:13 Rompió la mar, é hízolos pasar; é hizo estar las aguas como en un montón.

78:14 Y llevólos de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego.

78:15 Hendió las peñas en el desierto: y dióles á beber como de grandes abismos;

78:16 Pues sacó de la peña corrientes, é hizo descender aguas como ríos.

78:17 Empero aun tornaron á pecar contra él, enojando en la soledad al Altísimo.

78:18 Pues tentaron á Dios en su corazón, pidiendo comida á su gusto.

78:19 Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?

78:20 He aquí ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne á su pueblo?

78:21 Por tanto oyó Jehová, é indignóse: y encendióse el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel;

78:22 Por cuanto no habían creído á Dios, ni habían confiado en su salud:

78:23 A pesar de que mandó á las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos,

78:24 E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos.

78:25 Pan de nobles comió el hombre: envióles comida á hartura.

78:26 Movió el solano en el cielo, y trajo con su fortaleza el austro.

78:27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo, y aves de alas como arena de la mar.

78:28 E hízolas caer en medio de su campo, alrededor de sus tiendas.

78:29 Y comieron, y hartáronse mucho: cumplióles pues su deseo.

78:30 No habían quitado de sí su deseo, aun estaba su vianda en su boca,

78:31 Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató los más robustos de ellos, y derribó los escogidos de Israel.

78:32 Con todo esto pecaron aún, y no dieron crédito á sus maravillas.

78:33 Consumió por tanto en nada sus días, y sus años en la tribulación.

78:34 Si los mataba, entonces buscaban á Dios; entonces se volvían solícitos en busca suya.

78:35 Y acordábanse que Dios era su refugio, y el Dios Alto su redentor.

78:36 Mas le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían:

78:37 Pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes en su pacto.

78:38 Empero él misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía: y abundó para apartar su ira, y no despertó todo su enojo.

78:39 Y acordóse que eran carne; soplo que va y no vuelve.

78:40 ¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, lo enojaron en la soledad!

78:41 Y volvían, y tentaban á Dios, y ponían límite al Santo de Israel.

78:42 No se acordaron de su mano, del día que los redimió de angustia;

78:43 Cuando puso en Egipto sus señales, y sus maravillas en el campo de Zoán;

78:44 Y volvió sus ríos en sangre, y sus corrientes, porque no bebiesen.

78:45 Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, y ranas que los destruyeron.

78:46 Dió también al pulgón sus frutos, y sus trabajos á la langosta.

78:47 Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con piedra;

78:48 Y entregó al pedrisco sus bestias, y al fuego sus ganados.

78:49 Envió sobre ellos el furor de su saña, ira y enojo y angustia, con misión de malos ángeles.

78:50 Dispuso el camino á su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida á la mortandad.

78:51 E hirió á todo primogénito en Egipto, las primicias de las fuerzas en las tiendas de Châm.

78:52 Empero hizo salir á su pueblo como ovejas, y llevólos por el desierto, como un rebaño.

78:53 Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y la mar cubrió á sus enemigos.

78:54 Metiólos después en los términos de su santuario, en este monte que ganó su mano derecha.

78:55 Y echó las gentes de delante de ellos, y repartióles una herencia con cuerdas; é hizo habitar en sus moradas á las tribus de Israel.

78:56 Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios;

78:57 Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: volviéronse como arco engañoso.

78:58 Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo á celo con sus esculturas.

78:59 Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció á Israel.

78:60 Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres;

78:61 Y dió en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo.

78:62 Entregó también su pueblo á cuchillo, y airóse contra su heredad.

78:63 El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.

78:64 Sus sacerdotes cayeron á cuchillo, y sus viudas no lamentaron.

78:65 Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido, como un valiente que grita excitado del vino:

78:66 E hirió á sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpetua afrenta.

78:67 Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió la tribu de Ephraim;

78:68 Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.

78:69 Y edificó su santuario á manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre.

78:70 Y eligió á David su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas:

78:71 De tras las paridas lo trajo, para que apacentase á Jacob su pueblo, y á Israel su heredad.

78:72 Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.

Texto: Reina-Valera (1909).