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Día 87 de 365

Nm 34:1–35:34, Lc 5:12–39, Pr 20:1–16

Antiguo Testamento

Nm 34:1–35:34

34:1 Y JEHOVÁ habló á Moisés, diciendo:

34:2 Manda á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra de Canaán, es á saber, la tierra que os ha de caer en heredad, la tierra de Canaán según sus términos;

34:3 Tendréis el lado del mediodía desde el desierto de Zin hasta los términos de Edom; y os será el término del mediodía al extremo del mar salado hacia el oriente:

34:4 Y este término os irá rodeando desde el mediodía hasta la subida de Acrabbim, y pasará hasta Zin; y sus salidas serán del mediodía á Cades-barnea; y saldrá á Hasar-addar, y pasará hasta Asmón;

34:5 Y rodeará este término, desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente.

34:6 Y el término occidental os será la gran mar: este término os será el término occidental.

34:7 Y el término del norte será este: desde la gran mar os señalaréis el monte de Hor;

34:8 Del monte de Hor señalaréis á la entrada de Hamath, y serán las salidas de aquel término á Sedad;

34:9 Y saldrá este término á Ziphón, y serán sus remates en Hasar-enán: este os será el término del norte.

34:10 Y por término al oriente os señalaréis desde Hasar-enán hasta Sepham;

34:11 Y bajará este término desde Sepham á Ribla, al oriente de Ain: y descenderá el término, y llegará á la costa de la mar de Cinnereth al oriente;

34:12 Después descenderá este término al Jordán, y serán sus salidas al mar Salado: esta será vuestra tierra: por sus términos alrededor.

34:13 Y mandó Moisés á los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que heredaréis por suerte, la cual mandó Jehová que diese á las nueve tribus, y á la media tribu:

34:14 Porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su herencia:

34:15 Dos tribus y media tomaron su heredad de esta parte del Jordán de Jericó al oriente, al nacimiento del sol.

34:16 Y habló Jehová á Moisés, diciendo:

34:17 Estos son los nombres de los varones que os aposesionarán la tierra: Eleazar el sacerdote, y Josué hijo de Nun.

34:18 Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra.

34:19 Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jephone.

34:20 Y de la tribu de los hijos de Simeón, Samuel hijo de Ammiud.

34:21 De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Chislón.

34:22 Y de la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Bucci hijo de Jogli.

34:23 De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Ephod.

34:24 Y de la tribu de los hijos de Ephraim, el príncipe Chêmuel hijo de Siphtán.

34:25 Y de la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elisaphán hijo de Pharnach.

34:26 Y de la tribu de los hijos de Issachâr, el príncipe Paltiel hijo de Azan.

34:27 Y de la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi.

34:28 Y de la tribu de los hijos de Nephtalí, el príncipe Pedael hijo de Ammiud.

34:29 Estos son á los que mandó Jehová que hiciesen la partición de la herencia á los hijos de Israel en la tierra de Canaán.

35:1 Y HABLÓ Jehová á Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo:

35:2 Manda á los hijos de Israel, que den á los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten: también daréis á los Levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas.

35:3 Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias.

35:4 Y los ejidos de las ciudades que daréis á los Levitas, serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera.

35:5 Luego mediréis fuera de la ciudad á la parte del oriente dos mil codos, y á la parte del mediodía dos mil codos, y á la parte del occidente dos mil codos, y á la parte del norte dos mil codos, y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciudades.

35:6 Y de las ciudades que daréis á los Levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades.

35:7 Todas las ciudades que daréis á los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos.

35:8 Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que mucho tomaréis mucho, y del que poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades á los Levitas según la posesión que heredará.

35:9 Y habló Jehová á Moisés, diciendo:

35:10 Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán á la tierra de Canaán,

35:11 Os señalaréis ciudades, ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere á alguno de muerte por yerro.

35:12 Y os serán aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté á juicio delante de la congregación.

35:13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento.

35:14 Tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; las cuales serán ciudades de acogimiento.

35:15 Estas seis ciudades serán para acogimiento á los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte á otro por yerro.

35:16 Y si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá:

35:17 Y si con piedra de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.

35:18 Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá.

35:19 El pariente del muerto, él matará al homicida: cuando lo encontrare, él le matará.

35:20 Y si por odio lo empujó, ó echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere;

35:21 O por enemistad lo hirió con su mano, y murió: el heridor morirá; es homicida; el pariente del muerto matará al homicida, cuando lo encontrare.

35:22 Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, ó echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas,

35:23 O bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal;

35:24 Entonces la congregación juzgará entre el heridor y el pariente del muerto conforme á estas leyes:

35:25 Y la congregación librará al homicida de mano del pariente del muerto, y la congregación lo hará volver á su ciudad de acogimiento, á la cual se había acogido; y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fué ungido con el aceite santo.

35:26 Y si el homicida saliere fuera del término de su ciudad de refugio, á la cual se acogió,

35:27 Y el pariente del muerto le hallare fuera del término de la ciudad de su acogida, y el pariente del muerto al homicida matare, no se le culpará por ello:

35:28 Pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el gran sacerdote: y después que muriere el gran sacerdote, el homicida volverá á la tierra de su posesión.

35:29 Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones.

35:30 Cualquiera que hiriere á alguno, por dicho de testigos, morirá el homicida: mas un solo testigo no hará fe contra alguna persona para que muera.

35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida; porque está condenado á muerte: mas indefectiblemente morirá.

35:32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó á su ciudad de refugio, para que vuelva á vivir en su tierra, hasta que muera el sacerdote.

35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis: porque esta sangre amancillará la tierra: y la tierra no será expiada de la sangre que fué derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó.

35:34 No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.

Nuevo Testamento

Lc 5:12–39

12 Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

13 Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.

14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.

15 Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.

16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.

17 Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.

18 Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él.

19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;

20 El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.

21 Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?

22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?

23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?

24 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.

25 Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.

26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.

27 Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.

28 Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.

29 E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.

30 Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?

31 Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.

32 No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.

33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?

34 Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?

35 Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.

36 Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.

37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.

39 Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Sabiduría

Pr 20:1–16

1 EL vino es escarnecedor, la cerveza alborotadora; y cualquiera que por ello errare, no será sabio.

2 Como bramido de cachorro de león es el terror del rey: el que lo hace enfurecerse, peca contra su alma.

3 Honra es del hombre dejarse de contienda: mas todo insensato se envolverá en ella.

4 El perezoso no ara á causa del invierno; pedirá pues en la siega, y no hallará.

5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre: mas el hombre entendido lo alcanzará.

6 Muchos hombres publican cada uno su liberalidad: mas hombre de verdad, ¿quién lo hallará?

7 El justo que camina en su integridad, bienaventurados serán sus hijos después de él.

8 El rey que se sienta en el trono de juicio, con su mirar disipa todo mal.

9 ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?

10 Doble pesa y doble medida, abominación son á Jehová ambas cosas.

11 Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su obra fuere limpia y recta.

12 El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas ha igualmente hecho Jehová.

13 No ames el sueño, porque no te empobrezcas; abre tus ojos, y te hartarás de pan.

14 El que compra dice: malo es, malo es: mas en apartándose, se alaba.

15 Hay oro y multitud de piedras preciosas: mas los labios sabios son vaso precioso.

16 Quítale su ropa al que salió por fiador del extraño; y tómale prenda al que fía la extraña.

Texto: Reina-Valera (1909).